Los dos secuestradores se quedaron en silencio unos dos segundos.
—¡Imposible! —espetó el flaco, poniéndose de pie de un salto—. ¡Eso no puede ser!
—¡Lo juro! —Mónica empezó a hablar atropelladamente—. ¿Para qué mentiría, sabiendo que estoy en sus manos? ¡Es cierto que le dije a Alejandro Guzmán que esperaba un hijo suyo, pero solo lo hice para evitar que me dejara! Fue una mentira… ¡nunca existió ningún bebé!
—¿Qué? —Los hombres se miraron con gesto de incredulidad y frustración.
—¿Estás tratan