La sola idea de escucharla lo irritaba. Con una mirada de fastidio, Ricardo la interrumpió.
—¡Crie a una ingrata!
—No, debe de haber algún malentendido… —intentó protestar Clara, pero él no le prestó atención, se dio media vuelta y se marchó con pasos fuertes y pesados.
Clara, entre molesta y angustiada, se quedó plantada allí y se preguntó con furia:
—¡Todos vienen a cobrarme deudas! ¿Qué le pasa a Mónica ahora?
***
Cuando Mónica volvió en sí, la envolvía una completa oscuridad. Quiso pedir ay