En la casa de los Herrera…
Alrededor de la mesa, Ricardo dejó a un lado sus cubiertos y se limpió la boca con la servilleta. Con una mirada seria, se dirigió a Mónica:
—A las tres de la tarde, puntual en el Hospital UCM. Ni se te ocurra llegar tarde.
Mónica no respondió, mientras Clara miraba de reojo a su hija y asentía con una sonrisa fingida:
—Mónica ya escuchó, la acompañaré yo, no nos atrasaremos.
—Hum.
Con una fría carcajada, Ricardo arrojó la servilleta y salió de la habitación.
—Mamá… —M