—¡Luci! ¡Ayúdame!
—¿Qué pasa ahora? —Luciana sonrió con resignación—. Cada vez lloras más fingido, ¿sabías?
Vicente dejó de hacer su llanto falso de inmediato. —Es una emergencia, ¡estoy en una cita a ciegas! Ven rápido, ¡necesito que me salves!
Luciana puso los ojos en blanco.
—¿No es el turno de Marti esta vez?
—No logro comunicarme con Marti, ¡solo te tengo a vos! Apúrate, por favor, te espero acá.
—¿Hola?
Vicente ya había colgado.
Luciana se llevó una mano a la frente, sintiéndose abrumada.