Al mediodía, cuando Luciana regresaba del comedor, se encontró con Alejandro caminando lentamente por el pasillo interior, apoyado por Simón.
—Impresionante —comentó Luciana—. Tienes una buena condición física. Ya puedes levantarte y caminar, eso te ayudará a recuperarte más rápido, pero no te excedas.
—Sí, doctora —respondió Simón con total sinceridad.
Cuando Luciana estaba por irse, Alejandro la llamó.
—Espera un momento.
—¿Qué pasa? —Luciana se giró.
—Vos... —Alejandro pareció dudar, algo inu