El vendedor se quedó paralizado, sin saber qué responder. Finalmente, sacudió la cabeza mecánicamente.
—No... no lo es.
—¡Alejandro! —Luciana apretó los dientes y lo llamó en un tono bajo pero firme, casi queriendo pisotear el suelo de la frustración. ¿Qué demonios estaba haciendo ahora?
—Sí, aquí estoy —respondió él, mostrando una sonrisa burlona antes de volverse al vendedor con una mirada helada.
Señaló otro modelo en el mostrador.
—Muéstrame ese.
—Ah, sí, claro —dijo el vendedor, apresurándo