En ese momento, Alejandro tenía la camisa completamente desabrochada, con Mónica en sus brazos, en una escena que no podía ser más íntima y sugestiva. Era imposible no dejar volar la imaginación, aunque, debido a su estatus, nadie se atrevía a decir nada.
Todos los presentes mantuvieron la compostura, fingiendo que no pasaba nada fuera de lo común.
Luciana, por su parte, estaba completamente tranquila mientras informaba al médico que tomaba su turno sobre el estado de Alejandro.
—Paciente con he