—¿No es lo mismo? —Martina alzó las cejas con una ironía leve—. ¿En qué cambia? ¿En que yo estuve enferma y me cuidaste un año? La realidad es que yo sí estuve enferma; Estella no. Si ella hubiera estado así, tampoco la habrías soltado. Con ella eras de lo que pidiera, ahí estabas.
—¿“Si”? Eso nunca pasó —Salvador frunció el ceño—. ¿Es justo juzgarme con supuestos?
Martina vaciló.
—Tienes razón: el supuesto fue mi error. Entonces no supongo nada… pero no quiero lastimar a nadie.
—¿A quién?
—¿En