—No —Salvador negó con la cabeza y le lanzó a Martina una mirada de reojo, algo inquieto. ¿Se habría molestado?
Martina sí estaba molesta, pero más que nada, desconcertada. No había imaginado que, al despertar, sus padres habrían cambiado por completo la actitud hacia Salvador.
—Don Carlos, lo llevo primero al auto.
—Está bien.
Salvador lo cargó y salió con él.
Laura miró a su hija y suspiró.
—Marti, Salvador sí vale la pena. Te cuidó un año entero. Dime, ¿cuántos jóvenes harían eso? Y además de