Martina creía que él no la había querido de verdad al principio.
Salvador sonrió apenas.
—Eso ya te lo expliqué: mi tipo siempre fue como tú. Y se dio la “casualidad” de que te crucé en el camino.
Martina guardó silencio, a medias convencida.
—¿Sabes? —añadió él—. En realidad no se parecen. El carácter y la energía cambian lo que uno ve en una cara. Tú y yo estuvimos en la distancia más íntima que puede haber; ¿cómo no iba a notar que no se parecen?
Ya que había abierto el tema, Salvador dejó de