En poco más de una hora entraron a la zona urbana. Sin perder un minuto, fueron directo al hospital.
Cuando llegaron, Carlos seguía esperando los estudios y Laura tenía en la mano las órdenes para pagar en caja.
—¡Mamá! —llamó Martina.
—¡Marti! —Laura, al verla, por fin sintió respaldo. Luego notó que venía Salvador. ¿Ellos…?
—Señora Laura —Salvador la saludó sin rodeos y le tomó las órdenes—. Déjemelas. Yo hago el pago.
—Ay… está bien.
Salvador fue y vino: pagó, agendó los estudios y regresó co