Arroyo de los Lirios era un lugar que Luciana ya conocía; para Martina, nacida y criada en Ciudad Muonio, fue la primera vez.
Todavía estaba oscuro cuando Luciana pasó por la casa de los Hernández para recogerla. Llegaron al complejo poco después de las siete, casi las ocho. En el asiento trasero, Alba seguía dormida en su silla infantil.
Alejandro bajó, la cargó con cuidado y dijo:
—Yo me la llevo al cuarto.
Había venido también la niñera, pero últimamente Alba estaba pegada al papá: si despert