—Eso sí ya no lo sé —Luciana negó con la cabeza—. Puede ser.
A Martina le pareció otra cosa: no le sonó a colega, sino a novia. Habían hablado con una naturalidad y una cercanía que en un trato de trabajo no se sentían.
“¿Salvador por fin tiene novia?”, pensó.
No era imposible. Había estado solo más de un año, pero ahora todo había cambiado: ella ya lo había rechazado con claridad. Si él quería empezar algo nuevo, era totalmente válido.
—¿Martina? —Luciana le pasó una mano por delante de los oj