Al oír el nombre de Salvador, Martina se quedó pasmada, un instante lenta, como si no recordara a esa persona. Luego sonrió.
—Ah, claro. Sus familias siempre han hecho negocios, ¿no?
—Ajá —asintió Luciana, observando su expresión sin querer, quizá esperando alguna reacción.
Pero Martina solo comentó eso y lo dejó pasar. Cambió de tema:
—¿Tú y Alejandro no van a hacer boda?
“Qué casualidad”, pensó Luciana: días atrás el mismo Salvador le había hecho esa pregunta a Alejandro.
—Boda como tal no —di