Alejandro no intentó detenerla. Se quedó observándola mientras se alejaba, con una sonrisa que no pudo reprimir. Si iba a besarlo, bien podría hacerlo bien.
«Ese toque de inocencia y provocación… sí, es definitivamente ella», pensó, sintiendo que esa mezcla lo enloquecía poco a poco.
***
A las diez de la mañana, Luciana recibió una llamada de Martina.
—¡Luci, Vicente ya está libre! Todo salió bien.
Luciana soltó un suspiro de alivio.
—Qué bueno.
Alejandro, aunque a veces podía abusar de su influ