Abrió el mensaje.
“Luci, ya entro a seguridad. Voy a Vancouver a verte. Espérame.”
Al terminar de leer, a Luciana se le aceleró el corazón. Alejandro iba a Vancouver… ¿qué asunto podía ser tan urgente que necesitara decírselo en persona? Sin razón aparente, el pulso se le desbocó. No quiso hilar más fino. “Mañana ya habrá llegado; se lo preguntaré de frente.”
Pedro seguía débil tras la cirugía. Como pocas veces podía viajar a verlo —y más ahora que conocía su lazo de sangre—, Luciana lo cuidó co