Capítulo 1543
Alejandro aún tenía la cabeza hecha un lío. Y como Salvador no era un extraño, habló como le salió.

—La otra vez te dije que Martina estaba enferma. ¿Llegaste a preguntarle?

—Eso… —la voz de Salvador se volvió grave—. Sí le pregunté. Pero dijo que no necesita que me preocupe.

Alejandro frunció el ceño.

—¿Y cómo le preguntaste?

—¿Cómo iba a ser? —Salvador no entendió—. Por teléfono. Me dijo que no la llamara más, que no hacía falta mi “preocupación”.

—Ajá —Alejandro no le tuvo piedad—. La verdad,
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