Era fin de semana.
A mediodía, Luciana y Martina pasaron por la casa de la familia Hernández. Almorzaron allí.
Ese día tocaban empanaditas caseras al vapor. Con la fiebre cocinera a tope, Luciana se pegó a don Carlos en la cocina para hacerle de asistente y aprender en serio.
—¿Cómo vamos a ponerte a trabajar? —se apenó don Carlos—. Esta hija mía ni se asoma a ayudar.
—Don Carlos, Marti me está dejando la cancha libre —se rió Luciana—. Ella ya se lo sabe todo… ¿también me va a disputar al maestr