Miró la bolsa junto a la mano de su hijo.
—Pero si ya están pensando en buscar bebé, mi advertencia sale sobrando. Con un hijo, esta casa se va a sentir todavía más hogar —comentó Ivana, y enseguida le echó flores—. Y bien que cuidas a Marti: los jarabes amargos no hay quien se los tome. Estas pastillas, en cambio, van mejor; llevan miel silvestre, puedes tragarlas como si fueran dulces.
—Ajá.
A Salvador Morán también le parecía buena idea.
Se incorporó con la bolsa en la mano. —Gracias, ma. Me