—¿De verdad? —Martina no se sentía así.
—Sí. —Salvador fue tajante—. Te abrazo todos los días, ¿cómo no voy a notarlo? Mis manos son más precisas que una cinta métrica: tu cintura ya casi desaparece.
Recordó que ella estaba con tratamiento.
—¿Y si la medicina que te recetó Gabriela no te está funcionando? Mejor ven a la casa de la familia; que mamá consiga al naturista para revisarte.
“¿Volver a la casa grande? ¿Pedirle a Ivana que traiga a un naturista? Es demasiado engorroso. Además, soy la nu