Ese “algunos” era Salvador Morán. El señor Morán, cuanto más grande, más carita de niña se le hacía.
—¿Tienes fotos? —a Luciana le picó la curiosidad—. Quiero ver qué tan “niñita” se ve.
—Ahora no. Están en la Casa Guzmán, en Ciudad Muonio —pensó un segundo y, con orgullo, remató—: ¿Para qué foto? Miras a Alba y listo.
—¡Tss! —Luciana no pudo evitar la risa—. Ja, ja…
Pero la fiebre la tenía floja de fuerzas. Alejandro tomó un pañuelo y le secó las lágrimas.
—Te arden los ojos, ¿verdad? Ciérralos