Capítulo 1427
—Entonces yo tampoco me voy.

Aunque lo hubiera “corrido”, Alejandro le sujetó la mano y no la soltó. Con esa fiebre ardiéndole la piel, ¿cómo iba a dejarla sola? Miró a la enfermera: traía una bolsa de hielo y un cuenco con alcohol, dentro dos gasas ya listas.

—Déjalo aquí. Yo me encargo.

—Pero…

—¡No! —Luciana frunció el ceño y lo fulminó—. ¿No piensas hacer caso a la doctora? Puedo estar contagiada y apenas en periodo de ventana.

—Por eso yo…

—¡Alejandro Guzmán! —lo cortó, tajante—. ¿Puedes esc
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