—Luci, no —Lucy, por supuesto, se opuso—. Enzo ya tiene gente buscándolo. Aunque vayas, no podrás ayudar.
—Lo sé —Luciana lo pidió sin bajar la mirada—. Solo quiero ir a mirar. ¿Me dejan, por favor?
Padres con culpa rara vez saben decir no. Enzo y Lucy no fueron la excepción.
—Hagamos esto —Enzo se adelantó—: yo te llevo.
—¡Enzo! —Lucy lo detuvo, inquieta.
—Tranquila, no te angusties —él la serenó—. Si voy yo, me ocupo de Luci.
Además, cuando Enzo salía, nunca iba solo. Con tantos guardaespaldas