Martina lo miró en silencio, sin saber qué decir por un momento. Era verdad que discutían a menudo, pero él siempre terminaba asumiendo la culpa primero.
—Marti, no volverá a pasar.
—A partir de ahora —Salvador habló con sinceridad—, cuándo tener hijos o si tenerlos, lo decides tú. Voy a respetar tu decisión.
“¿Ves? Si lo hubieras dicho antes…”, pensó ella, con un ardorcito en los ojos; giró el rostro. De haberlo oído anoche, nada se habría descompuesto.
Salvador le acarició la cara.
—Fui un imb