—Bien.
Colgó. La sonrisa de Martina se borró de golpe. Apenas dejó el teléfono, la puerta se abrió.
Salvador entró secándose el pelo; recién duchado.
—Estabas dormida —explicó—. Bajé al gimnasio un rato y me metí a bañar.
Martina no opinó. Señaló el celular.
—Estella te llamó. Yo contesté.
Salvador se quedó un instante con la toalla en el aire.
—¿Y… qué dijo?
—Que gracias por lo de Renato. —Lo miró con una sonrisa ancha—. El señor Morán sí que es un alma caritativa: hasta al marido de la ex le t