—No es que no me guste —Martina se tragó lo que tenía en la boca para poder hablar—. Ustedes son una familia tan grande, es normal que haya más reglas. Se entiende.
—¿“Ustedes”? —Salvador frunció el ceño—. Somos una familia.
“Yo solo soy la nuera; eso nunca termina de ser ‘familia’ del todo”, pensó, pero no quiso abrir ese frente. Mejor comía.
Al poco, Salvador notó que ella traía un hambre rara.
—¿Te sirvo otra?
—Otra más —Martina le mostró el tazón vacío, pícara.
—Ya no —él le sujetó el tazón—