—Luci.
Con los ojos enrojecidos, Lucy sacó un sobre del bolso y se lo entregó a Luciana.
—Aquí adentro están nuestra dirección en Toronto y nuestros teléfonos. Si tú… —la voz se le quebró y ya no pudo seguir—. Quiero decir, si alguna vez necesitas algo, si llegas a venir a Toronto, acuérdate de buscarnos.
—No tienes que sentir que le quedas mal a nadie. No queremos que nos agradezcas ni que nos perdones. Solo… solo…
Al verla incapaz de continuar, Enzo tomó el hilo:
—Solo queremos, como padres, h