Todo alrededor estaba en silencio.
Luciana se acercó y se arrodilló junto a Alejandro.
—Cárgala y déjala dormir en la salita de descanso.
Ya lo había previsto: Alba no aguantaría la noche. Junto al velorio había una sala de descanso; la peque podía dormir sin problema.
—No pasa nada, la cargo un ratito más.
Alejandro negó con la cabeza. “¿Cuántas veces más podré cargarla así?” No quería soltarla, y Luciana no insistió. Tomó una manta y arropó a Alba.
—Ale.
Con los hombros apenas rozándose, Lucia