La enfermera explicó que no sabía que Luciana estaba allí y que justo pensaba llamarla. Ya que coincidían, entrarían juntas. Luciana asintió y dio las gracias. Al cruzar la puerta, dudó un segundo y miró a Juana Díaz; Alejandro la apuró.
—Luci…
—Ya voy.
Por dentro, la expresión de Miguel lucía mejor de lo que Alejandro había imaginado. A Luciana le cruzó por la cabeza una sola idea: “lucidez de despedida”.
—¡Alba ya llegó! —los ojos de Miguel chispearon y extendió la mano hacia la niña.
—Bisabue