Aunque gente es lo que sobra, si de un día para otro tantos empleados renuncian a la vez, mañana el Grupo Guzmán será una ciudad fantasma.
En teoría, nadie puede irse de inmediato: hay cláusulas y penalidades por incumplir el preaviso. Pero Daniel ya lo había calculado: prometió cubrir él mismo esas indemnizaciones. Les lanzó dos anzuelos —subida de sueldo y pago de penalidades—. ¿Cómo no iban a morder? La mayoría trabaja por dinero.
Alejandro cerró los ojos y se apretó el puente de la nariz. Ha