Al segundo, Domingo borró la sonrisa. Frunció apenas el entrecejo y, en el fondo de los ojos, asomó una tristeza extraña.
Alejandro dudó si había visto bien.
—Ya sabemos cómo está tu abuelo —dijo Domingo.
A Alejandro se le contrajeron las pupilas. ¿Cómo se habían enterado? En el Hospital UCM había pedido absoluta reserva. Pero un hospital es un hormiguero: siempre hay una boca floja… y con gente como esta, hasta “el ratón del hospital” soltaría la lengua por unas monedas.
Sin mover un músculo, e