—No pasa nada —Alejandro calmó a la ama de llaves—. Yo me encargo. Es tarde, Amy, ve a descansar.
—Así no —Amy estaba agotada, sí, pero a Alejandro ya no le quedaba un solo pariente cerca, y enfrente había “familia” completa—.
—De veras, estoy bien… —señaló a Sergio—. Aquí está Sergio. ¿No podremos dos contra una familia “débil y cansada”?
—Visto así… —Amy miró a Sergio y, por fin, soltó aire—. Cualquier cosa, llámame.
Antes de irse, lo tomó del brazo, con cariño de años:
—Mientras tu abuelo no