—Marti —dijo Vicente, serio—. Yo te fallé, sí. Pero tantos años de amistad no se tiran por la borda. Verte a estas horas y largarme como si nada… no puedo.
Martina lo escuchó en silencio. De pronto, ya no quiso negarse. “Si Salva puede acompañar a su amiga, ¿por qué yo no podría sentarme un rato con el mío?”
—Está bien —sonrió—. Además, hace mucho que no nos vemos.
Aplaudió bajito.
—Brindemos, ¿sí? No viniste a la pedida; me debes al menos una copa.
Vicente dudó un segundo y asintió.
—De acuerdo