Enzo también bajó del auto. Como Luciana no le permitió ayudarla, no se acercó; solo la siguió con la mirada, preocupado.
—Luciana, tu mamá… no la tuvo fácil —dijo en voz baja.
El subtexto era claro: si había que odiar a alguien, que fuera a él.
Luciana no respondió ni se volvió. Abrió el portón y cruzó hacia la villa.
—¡Luciana! —apremió Enzo—. Y escucha… si necesitas algo, lo que sea, ven a buscarme. Yo…
Se trabó un instante y corrigió:
—Papá va a estar aquí. Siempre.
El clic del portón al cer