Capítulo 1268
Luciana respiró hondo en silencio y sonrió.

—Señora, tiene razón… Solo que la voy a hacer trabajar mucho. Mi agenda es…

—¡No hay problema! —Victoria no pudo contener la alegría al verla aceptar—. Tú tranquila. Yo me encargo de todo; dedícate a tu trabajo y no te preocupes por nada.

Le guiñó un ojo a su hijo.

—A ver, dime la verdad… ¿estás feliz?

Fernando se puso rojo. Era pena… y también culpa: un asunto tan grande como el matrimonio y no había podido darle a Luciana una propuesta como Dios mand
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