Una malteada se consigue en cualquier cafetería.
Pero su mamá siempre decía que las de afuera traen aditivos y fruta que ni siquiera es fresca. Por eso las hacía en casa. Y el sabor no tenía comparación.
Luciana llevaba años sin probar una así… y, sin embargo, en ese primer sorbo le estalló exactamente el sabor de antes.
“¿Cómo es posible?”
Levantó la mirada hacia la señora.
Había pasado demasiado tiempo. Cuando su madre se fue, Luciana tenía ocho años; ahora bordeaba los veinticinco. Diecisiete