Salvador le alzó el mentón con los dedos.
—¿Casarte conmigo te humilla? ¿En qué no estoy a tu altura —familia, formación— o en qué no he sido suficiente?
Sonrió con esa seguridad arrogante que le nacía sola.
—No es por presumir, Martina, pero en esta vida no vas a encontrar a nadie mejor que yo.
¡Por favor!, escupió por dentro. Qué descaro.
—El señor Morán es impecable —sonrió, cortés—. Yo soy la que no está a la altura. Hágame un favor: déjeme ir. En Ciudad Muonio hay colas de mujeres queriendo