—¿Haciendo el descarado?
Salvador no cambió el gesto; apenas alzó las cejas. —¿Abrazar a mi novia es “hacerme el descarado”?
Martina, con cierta impotencia: —¿No oíste lo que acabo de decir? ¡Quiero terminar contigo! ¿No entiendes lo que significa terminar?
—Entiendo.
La mano de Salvador le sujetó el mentón; la yema de los dedos la rozó despacio.
—Sé que estás enojada, que estás haciendo berrinche. Voy a apapacharte, a compensarte. Así que no bromees con la ruptura, ¿sí?
Sus palabras la dejaron pasmada; era como hablarle a la pared.
—Salvador, señorito Morán, no estoy haciendo un berrinche. Y “terminamos” no es amenaza. Lo digo en serio.
Temiendo que él no la creyera, lo repitió.
—Salvador, quiero cortar contigo. Lo de casarnos, hasta aquí. Total, ni has ido a mi casa y los mayores ni saben lo nuestro…
Como si le hubieran tocado un nervio, a él se le ensombreció el rostro y la mirada se le volvió fría.
—¡Martina! ¡Dije que con eso no se juega!
—No estoy jugando.
Martina, de veras sin e