Capítulo 1204
A medianoche, tocaron la puerta.

Martina, tan dormida que ni abría los ojos, se levantó de mal humor a abrir.

—¿Quién es?

—Marti, soy yo.

La voz masculina, conocida, desde afuera; a Martina se le fue el sueño al instante.

Había pensado dejarlo para otro día; pero algunos, claramente, no pueden esperar. Mejor así.

Martina abrió; Salvador dio un paso adentro, alzó la mano; ella, por reflejo, se echó un paso atrás y ladeó el cuerpo.

—Pasa y hablamos adentro.

Es muy tarde; hablar en la puerta molest
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