—Perdón. Perdón.
Enzo no tuvo más que decir. Dejar a Lucy había sido el error más grande de su vida. De no haberlo hecho, ahora serían una familia completa, viviendo en paz.
Sabía que quien renuncia no debe volver. Pero saber era una cosa, hacerlo otra. No era un santo. Se arrepintió. Y, por mala suerte, podía darse el lujo de arrepentirse.
El pasado ya era pasado…
Le acarició el pelo y le habló con calma:
—No vuelvas a buscar a Luciana. Sé que la extrañas; yo también.
—¿Entonces qué hago? —alzó