Los guardias se quedaron de piedra.
Enzo no perdió tiempo en mirarles la cara: había venido con abogado.
—Mi esposa está cansada —dijo. Volteó hacia el abogado—. Encárgate de lo demás.
—Sí, señor Anderson.
El abogado lo llamó por el apellido familiar de Enzo.
Se volvió a Seguridad:
—El asunto de la señora Anderson lo llevo yo. Pueden optar por un arreglo o por la vía judicial; la representaré en todo.
Los guardias no esperaban ese giro. ¿La esposa de un ricazo “acampando” en un hospital en vez d