Afuera seguía lloviendo; hacía frío.
Luciana subió con Alba en brazos, la acostó y, de pronto, recordó que Alejandro había dejado su saco.
Bajó a toda prisa, tomó la prenda y salió al portón…
El auto de Alejandro ya no estaba. Se había ido.
Se palpó los bolsillos: no traía el celular.
Regresó corriendo, lo encontró en la sala y marcó su número.
Dio tono, pero nadie contestó…
Del otro lado, Alejandro vio su nombre parpadear en la pantalla. Le punzó el pecho, como aguja, y no atendió.
Si contestab