Fernando asintió.
—Eso está muy bien —rio Luciana—. Que duela es buena señal; igual que cuando alguien sedentario empieza a correr: poco a poco el cuerpo deja de sentirse adolorido.
Se puso de pie y extendió la mano:
—Agárrate fuerte… y no temas lastimarme.
Fernando sabía que lo decía para picarlo; con la poca fuerza que tenía, imposible hacerle daño. Sonrió y, mirándola, apretó con cuidado.
—¡Eso, perfecto… muy bien!
En ese momento Victoria empujó la puerta; al ver la escena, los ojos se le hum