—Bueno… está bien.
Carlos miró a Salvador varias veces, queriendo decir algo y quedándose a medias.
—No se preocupe —se adelantó él—; yo mismo llevo a Marti de regreso.
—Sí… gracias.
Era un alivio saber que su esposa estaba fuera de peligro, pero lo que más inquietaba ahora al padre era su hija.
—Entonces se la encargo, señor Morán.
Con el padre y Marc ya camino a casa, Martina decidió volver a su departamento. Subió al coche de Salvador y, en cuestión de minutos, llegaron.
Él la acompañó hasta