Capítulo 1155
—No llores.

—Snif…

Pero Martina era incapaz de parar; frente a su padre y a su hermano todavía se hacía la fuerte, pero en ese instante no podía contenerse.

—¡Te dije que no llores!

De pronto Salvador la regañó: —Si sigues llorando, me desentiendo.

Martina se quedó muda, quizá por el susto.

—Tranquila —añadió él, esta vez suave—. Espera y no hagas nada; voy para allá de inmediato.

Colgó y a Martina le martilleaban las sienes. ¿Nada? ¿Y su mamá?

Su padre y su hermano mayor, Carlos y Marc, se acer
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