—¿Todavía… me guardas rencor?
Alejandro buscaba una razón que lo salvara a él y a ella.
—Hace tres años fue culpa mía, lo sé, lo admito. Pero, Luci… aunque me equivocara, lo que siento por ti es real. ¿De verdad no puedes perdonarme?
—No, no es eso… —negó entre sollozos.
—Reconozco que te reclamé, que te odié un tiempo… pero ya no.
—¿Entonces por qué? —el pecho de Alejandro dolía como si fuera a estallar.
—Tú lo sabes… —Luciana, con los ojos anegados—. Fernando despertó.
Por fin lo dijo.
Alejand