—Basta de halagos —Victoria se secó las lágrimas—. Lo importante es que los dos queremos verlo bien, ¿cierto?
—Sí, claro.
—Entonces dime, ¿cuándo lo visitarás? Aún no puede hablar, pero lo conozco; con la mirada me pregunta por ti. Necesita verte para quedarse tranquilo.
—Yo… —Luciana vaciló—. Tía, en este momento no estoy en Ciudad Muonio.
—¿No? —Victoria se sorprendió; ignoraba todo lo sucedido en Maldivas—. ¿Andas de viaje de negocios?
—Podríamos decir que sí —respondió evasiva.
—¡Vaya contra