—¿Adónde?
Él no respondió; tiró de ella y avanzó a paso firme.
—¡No! —Luciana, intuyendo a dónde quería llevarla, se resistió—. ¡Suéltame, Alejandro, no pienso ir!
Alejandro se detuvo en seco.
—¿No quieres?
—No quiero.
—¿Por qué? —preguntó con frustración—. ¿No estabas molesta?
Luciana se libró de su agarre y esbozó una sonrisa amarga.
—¿De verdad crees apropiado llevarme a ver a tu madre cuando sabes que estoy molesta?
Alejandro quedó mudo.
—¿Lo haces solo porque me viste disgustada? —suspiró e