En cuanto la vio sonreír, el semblante serio de Alejandro se aflojó; incluso asomó una curva en sus labios. Luciana abrió los ojos a tiempo de captar esa sonrisa.
—Nada mal la idea —bromeó—, ¿ves qué listo eres? Ahora rasca a la derecha.
—¿Aquí?
—Un poco arriba… no, más abajo… Ay, no, tampoco…
Durante un rato Alejandro movió el tenedor arriba abajo, izquierda derecha, sin dar con el punto. Luciana comprimía los labios conteniendo la risa, hasta que al fin estalló:
—¡Pff… jajaja!
—¡Ajá! —él se di