—¿Casa? —repitió él, captando solo aquella palabra—. ¿Entonces la villa Trébol ya es tu hogar?
Luciana se mordió la lengua; ni era su intención ni pensaba admitirlo. Él lo dio por zanjado.
—Vine a buscarte; tu cirugía terminó, ¿no? Vámonos.
—Aún no —señaló el consultorio—. Falta dejar indicaciones post operatorias.
Él no discutió: la llevó dentro, la acomodó en la silla.
—Hazlo. Te espero.
Luciana percibió algo raro: Alejandro irradiaba una tristeza densa, contenida. ¿Qué podría haberle sucedido